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HISTORIA DE UNA ADICTA AL SEXO

Lo primero que recuerdo es que pasaba cada minuto de mi tiempo libre leyendo historias de preciosas princesas frágiles salvadas por príncipes encantadores en caballos blancos. Pasaba horas y horas repasando cada detalle para que pudiese ser como la princesa, para que el día que llegase mi príncipe yo estuviese preparada para irme con él y vivir felices para siempre. En el jardín infantil, ya recuerdo como me atraían los niños y especialmente la obsesión con uno en concreto, yo debía tener unos 4 años, edad más o menos dónde sufrí mis primeros abusos de tocamientos sexuales por parte del portero de la finca dónde vivíamos. Recuerdo que ya en esos momentos sentí la fuerza de la droga y como calmó el dolor del terror de vivir completamente aislada con un Padre ausente y adicto y con una Madre neurótica y adicta.

En este contexto empezaron 40 años de obsesión con la fantasía, los hombres, uno o varios a la vez, historias reales o fruto de mi fantasía y obsesión con mi físico. Encontré en estas obsesiones una fuente de placer y evasión. En mi temprana adolescencia me convertí en una chica pequeña y gordita, observaba a las otras chicas, delgadas y hermosas y como los chicos las deseaban, sentía mucha envidia y quería ser como ellas. Esta fue la base de mi obsesión con mi cuerpo y aspecto físico, cuando descubrí el poder que me daba sobre los hombres ir vestida llamando la atención y provocativamente. Invertí muchas horas y dinero convirtiéndome en un objeto sexual para que los hombres me miraran y sintieran lujuria (mi obsesión era tal, que si salía de casa y no se giraban dos hombres antes de llegar a la esquina, podía ir a casa a cambiarme o pasarme todo el día sumida en una profunda tristeza por no ser objeto de atención).

Recuerdo obsesionarme con todo tipo de hombre, los difíciles, los apuestos, los raros, los intrigantes, los callados, cada uno a su manera tenía algo que me atraía. Pero algo que me atraía con fuerza era la dificultad, me atraía la intriga, la conquista, el juego de conseguir al otro tras una larga batalla de desamor. Mirando hacia atrás en mi vida nunca me interesó el amor fácil yo quería la aventura de lo prohibido, la espera y luego la recompensa. El caso es que cuando finalmente conseguía al objeto de mi obsesión me sentía rara y extraña frente a él y en plena realidad no sabía cómo actuar y normalmente acababa dejando la relación y buscaba nuevamente otro objeto de mis fantasías para empezar nuevamente el ciclo de amor romántico, conquista y desamor.

Más tarde empecé a leer novelas rosa y aquí descubrí otra mentira, que hay que luchar y sufrir para amar, infidelidades, adulterios, planes obsesivos para conseguir lo que deseas y por su puesto irreales escenas sexuales donde se culmina la historia. Aquí es donde empezaron la repetición compulsiva de escenas de fantasía con masturbación que utilizaba como forma de tapar el dolor de mi entorno disfuncional y hostil, la frustración que sentía de no poder tener una vida normal, la culpabilidad por los ataques de ira que empezaba a tener y sobre todo del hastío y la absoluta soledad.

A los 12 años tuve mi primer encuentro con un hombre mucho mayor que yo, aunque no tuvimos sexo, como resultado de ese encuentro la borrachera de lujuria fue inmediata descubrí una droga mucho más fuerte que cualquier cuento, novela, fantasía o masturbación. Desde ese día que entré en contacto con un hombre físicamente y experimenté la fuerza de la adicción, mi vida se convirtió en una búsqueda desesperada para volver a sentir esa sensación. Después de ese encuentro, quería más, tenía ganas de saber que era el sexo y a los 13 estuve con un hombre también mayor que yo al que solo había visto dos veces, algo se rompió en mi interior aquel día, nació en mi la compulsión para tapar el dolor de lo que vi con mis ojos y sentí en mi cuerpo. Solo lo podía tapar con más consumo, puse mi salud y mi vida en juego, sin protección, me fui con hombres que apenas conocía a cualquier lugar, a sus casas sin saber dónde estaba, volvía a casa de milagro, sintiéndome tan avergonzada y perdida y así me fui hundiendo más y más en la lujuria. Haciéndome sentir cada vez más pérdida en mí misma y sin saberlo alejándome cada vez más y más de la vida y la realidad.

Lo que más recuerdo es que no tenía ni idea de lo que me ocurría ni comprendía nada de lo que me pasaba yo creía que eso era normal porque toda mi vida estaba rodeada de lo mismo, de caos, escenas inapropiadas, horarios desestructurados, fiestas, consumos, violencia y arrestos, yo no sabía lo que era una vida normal. Como consecuencia no tenía ni valores, ni principios, ni moral, todo valía yo deseaba a los hombres como objetos de consumo sin importarme quien eran o lo que hacían. Ya que yo realmente no quería una relación solo historias fugaces nada que me atase para que pudiese seguir consumiendo libremente. Las relaciones serias me asustaban, la implicación emocional, el compromiso, aunque lo intenté en varias ocasiones siempre acababa siendo infiel o hiriendo con mis conductas.

Llegó un día que me empecé a asustar de mi conducta y consumo, me empezaba a sentir sucia y como una cualquiera y las personas hacían comentarios sobre mi promiscuidad. Decidí disfrazar mi adicción y convertirme en una mujer recatada y buscar relaciones estables, pero mi adicción seguía muy viva en mi cabeza. A sí que empecé una lista de relaciones estables que normalmente acababan con infidelidades o convenciéndome de que no era el hombre de mi vida. Pasé muchos años en esta locura pasando de ahogarme en relaciones estables, a estar soltera y morirme de la soledad. Llegó un punto que no podía estar ni sola ni acompañada.

Finalmente pensé que con el matrimonio encontraría la solución y a los 23 me casé, la boda de princesa que había soñado con un buen hombre, pero el matrimonio duró 1 año ya que me obsesioné hasta la locura con un compañero del trabajo, casado y con hijos y decidí separarme para irme con este hombre, esta relación que acabó en desastre. A partir del momento en que vi el dolor de la cara de mi marido y el desmontaje de todo el compromiso de mi matrimonio entré en una espiral descontrolada de autodestrucción: consumo de alcohol, drogas, estupefacientes que tomaba a todas horas, ya que no podía vivir, la ansiedad me consumía. Iba por la vida de una cosa a otra compulsivamente y aprovechando cada ocasión que podía para ir a consumir y buscando algún hombre con el cual huir del dolor que sentía del caos de mi vida. Mi mente siempre dispersa, en otro lugar divagando por todas la imágenes que pasaban por ella. Destrocé mi matrimonio y a día de hoy la única posibilidad real que tuve de tener un marido y una familia. En mis locuras quedé embarazada dos veces y aborté a mis hijos pensando que ya vendrían otros, algo que no ha ocurrido.

Buscaba desesperadamente encontrar algo de bienestar y estabilidad en mi vida, pero mis relaciones afectuosas y sexuales eran una farsa, yo solo era una mujer intoxicada que pretendía estar bien pero no podía conectar con nada ni nadie. Era tal el desconocimiento de lo que me ocurría que pensaba que era por mi físico y puse tal empeño en cambiar que me convertí en una mujer de plástico, tenía toda la atención que quería pero era toda superficial y vacía, sin darme cuenta me volví adicta a ser deseada. Hasta que acabé con alguien igual de intoxicado de lujuria que yo y en una relación de maltrato donde me forzó varias veces. Vi peligrar mi mente y mi vida, nada funcionaba me quedé paralizada y helada ya no sentía nada! el desespero y la locura era tal que por primera vez le pedí ayuda a Dios.

Milagrosamente recibí la llamada de una antigua amiga que me pasó el mensaje de SA. Cuando escuché la definición de Sobriedad para mí fue una bendición era todo lo que estaba buscando. Llevo 3 años sobria sexualmente y venciendo la lujuria progresivamente, ya que día a día descubro sus diferentes disfraces y cuanto más renuncio y paso por el dolor que eso conlleva, consolido mi Sobriedad y soy más libre de sus garras y de su obsesión.

Este programa me ha ayudado a estar sobria sexualmente y a liberarme día a día de la fuerza destructiva de la Lujuria. La Sobriedad me ha devuelto la claridad y paz mental, la dignidad, la capacidad de amar incondicionalmente y poco a poco estoy poniendo orden en mi vida, construyendo una nueva vida para sostener mi Recuperación. Hoy sé lo que me ocurría, sufría de la enfermedad del Sexolismo, era una mujer adicta al sexo, pero tengo una alternativa, ahora sé que hay una Solución seguir formando parte de Sexólicos Anónimos que es donde encuentro la liberación y la verdadera paz.

(Mujer SA)

PREGUNTAS ACERCA DE SA Y LA ADICCIÓN A LA LUJURIA

Los recién llegados a nuestro programa suelen venir llenos de preguntas. Este es un intento de contestar a algunas de ellas y de hacerte partícipe de nuestra solución.

¿Qué es SA?
Somos una fraternidad de hombres y mujeres que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse. Nuestro objetivo primordial es mantenernos sexualmente sobrios y ayudar a otros sexólicos a alcanzar la sobriedad sexual.
(Impreso y adaptado con permiso de Alcoholics Anomymous Grapevine, Inc)

¿Es  SA un programa religioso?
SA no es un programa religioso, sino un programa espiritual. Habla de un “Poder Superior” y de “Dios tal como nosotros lo entendemos”, pero no se exige ningún tipo de creencia en Dios para ser miembro; los ateos y los agnósticos conocerán otras personas como ellos en este y en otros programas de recuperación de doce pasos. Tampoco es un problema ser creyente, de cualquier religión o credo. Entre nosotros hay ateos, agnósticos, cristianos, judios, musulmanes, etc.

¿Es SA una terapia de grupo?
SA no es ni una terapia de sexo ni una terapia de grupo. Son los miembros los que dirigen la reunión recurriendo a los modelos de reuniones de que disponemos. No hay profesionales a cargo de las reuniones de SA.

SA es un programa de recuperación de la lujuria y la adicción al sexo basado en los principios de Alcohólicos Anónimos.

Sean cuales sean los problemas con los que llegamos a SA, disponemos de una solución común—la práctica con otros sexólicos de los doce pasos y las doce tradiciones de la recuperación cuyo fundamento es la sobriedad sexual—.

¿Es SA un programa de autoayuda?
SA no es un programa de autoayuda. Hasta ahora no habíamos podido salir de la adicción al sexo por nosotros mismos; la recuperación es personal, pero ya no estamos solos. Trabajar los Doce Pasos con la guía de un padrino es el núcleo del programa de SA. Asistir a las reuniones, unirnos a la Fraternidad y seguir las Doce Tradiciones nos da el apoyo necesario en este viaje.

¿Qué tengo que hacer para ser miembro?
Cualquier persona que piense que tiene un problema con la lujuria o adicción al sexo puede asistir a las reuniones cerradas de SA y puede considerarse miembro si manifiesta que desea liberarse de la lujuria y alcanzar la sobriedad sexual, según la definición de sobriedad de SA.

No se excluye a nadie, entre nosotros hay personas de todo tipo y condición.

¿Cuánto tengo que pagar para ser miembro?
Las reuniones de SA son gratuitas. Para ser miembro de SA no se pagan honorarios ni cuotas. Pasamos una bolsa en las reuniones para pagar el alquiler del local, las publicaciones, el café, etc. Como afirma nuestra séptima tradición: “Nos mantenemos con nuestras propias aportaciones.”

¿Cómo puedo estar sano si no dispongo de una válvula de escape sexual?
Nuestra experiencia colectiva nos enseña que la sobriedad sexual nos libera de la necesidad compulsiva de tener relaciones sexuales. Tratamos de colocar el instinto por la intimidad sexual en el lugar que le corresponde, esto es, para la reproducción y para establecer vínculos sanos con nuestro cónyuge. Cuando renunciamos a la lujuria y a los estímulos sexuales, desaparece la necesidad obsesiva de sexo.

De acuerdo, cometo excesos en mis conductas sexuales, ¿no me bastaría con ser un poco más comedido?
SA es para las personas que han perdido el control en esta parte de sus vidas. Venimos a SA porque no podemos parar, independientemente de cuáles sean nuestras prácticas sexuales adictivas específicas. Hemos perdido la capacidad de parar.

¿Cómo puedo saber si soy adicto?
Has de llegar a esta conclusión por ti mismo. Reconocer que somos impotentes es lo que se llama “trabajar el primer paso”. Como afirma nuestro primer paso “Admitimos que éramos impotentes sobre la lujuria—que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables—”.

Lleva tiempo—y mucho sufrimiento—admitir que la lujuria nos ha derrotado. Más tarde o más temprano decimos: “Me rindo”, “necesito ayuda”, “solo no puedo”, o algo semejante. Cada una de estas frases es una admisión de impotencia.

Es por eso por lo que no funciona cuando tratamos de alcanzar la sobriedad por otra persona como un familiar o nuestro jefe. Tenemos que admitirnos a nosotros mismos nuestra derrota y buscar ayuda porque eso es lo que necesitamos.

  • Examínate a ti mismo. 
    ¿Se te ha ocurrido alguna vez pensar que necesitas ayuda para modificar tu comportamiento o pensamientos sexuales o te lo han sugerido otras personas?
  • ¿Has tratado alguna vez de parar o limitar tus conductas y pensamientos sexuales sin conseguirlo?
  • ¿Perjudican tus pensamientos y conductas sexuales a las relaciones con tu cónyuge o dificultan que te hagas cargo de tus responsabilidades con los demás?
  • A pesar de las consecuencias negativas de tus conductas sexuales—humillaciones, mentiras, enfermedades, pérdida de trabajo, arrestos, divorcios o actos inmorales—continúas practicando dichas conductas?
  • ¿Te han dicho alguna vez que eres adicto al sexo o te han llegado a arrestar por algún delito relacionado con el mismo?
  • Mas preguntas en la sección: ¿Soy Adicto al Sexo?

Sé que solo no puedo. Lo he intentado anteriormente sin resultado alguno. ¿Quieres decir que es posible?
Sí, la sobriedad sexual es posible. Hay miembros sobrios de SA en todo el mundo, tanto casados como solteros. Juntos podemos alcanzar la sobriedad y vivir sobrios en SA si trabajamos el programa día a día.

¿Qué tengo que hacer para alcanzar la sobriedad?
No existen absolutos en el programa de SA, pero te podemos decir qué es lo que hacemos para alcanzar la sobriedad. Acudimos a las reuniones; trabajamos los pasos; leemos las publicaciones (de SA y de AA); tenemos padrinos o madrinas a quienes telefoneamos con regularidad. Muchos de nosotros hemos llegado a confiar en un Poder Superior que nos mantiene sobrios.

De acuerdo, estoy dispuesto a intentarlo. ¿Qué hago a continuación?
Lo primero:

Después:

  • Asiste a las reuniones, a muchísimas reuniones.
  • Habla con otros sexólicos sobrios y pregúntales cómo alcanzaron la sobriedad.
  • Utiliza las publicaciones del programa: los folletos; los libros Sexólicos Anónimos, La Recuperación Continúa, Pasos en AcciónAlcohólicos Anónimos y Los doce pasos y las doce tradiciones, etc.
  • Busca un padrino o madrina —alguien cuya recuperación te resulte atractiva—. Llámale con regularidad —a diario si es posible— y pregúntale qué te sugiere que hagas.
  • Trabaja los Pasos. Tu padrino o madrina te mostrarán cómo.
  • Recurre a la oración (aunque no seas creyente). Por la mañana pídele a tu Poder Superior que te mantenga sobrio “durante estas veinticuatro horas”. Por la noche da las gracias por el día de sobriedad. Ora cada vez que tengas una tentación.
  • Recuerda los lemas:
    • Primero, lo primero.
      Tómatelo con calma.
      Sólo por hoy.
      Suelta las riendas y deja actuar a Dios.
      No lo compliques, que es sencillo.

Recuerda que todos fuimos nuevos en algún momento, y que nos sentimos entonces exactamente como te sientes tú hoy. No tengas reparos en pedirnos ayuda.

Nuestra definición de Sobriedad sexual

Te rogamos que leas detenidamente la información que viene a continuación, toda ella es importante, pero especialmente importante es que sepas qué entendemos por sobriedad sexual ya que nosotros tenemos una definición común de sobriedad, y que:  “En los grupos de Sexólicos Anónimos a diferencia de otras fraternidades de recuperación de la misma adicción sólo consideramos sobrios a los que están sobrios de acuerdo con nuestra definición común. Esto es a los que se abstienen de sexo fuera del matrimonio y a los que no se masturban. Y en SA matrimonio es matrimonio no noviazgo ni pareja no casada,”en la definición de sobriedad de SA el término “cónyuge” se refiere a la pareja en un matrimonio entre un hombre y una mujer”.(pág. 194 del libro Sexólicos Anónimos).    © 1989, 2001 SA Literature

 Si no está de acuerdo con nuestra definición, revisa la siguiente información:  hay otras fraternidades con otras definiciones de sobriedad como Adictos al Sexo y al Amor Anónimos (SLAA) , Adictos al Sexo Anónimos (SAA) , Recuperación Sexual Anónima (SRA).

Para los profesionales

¿Qué es Sexólicos Anónimos?

Sexólicos Anónimos es una fraternidad de hombres y mujeres que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse.

– El único requisito para ser miembro es el deseo de liberarse de la lujuria y de alcanzar la sobriedad sexual. Para ser miembro de SA no se pagan honorarios ni cuotas; nos mantenemos con nuestras propias aportaciones.

– SA no está vinculada a ninguna secta, confesión religiosa, partido político, organización o institución alguna; no desea intervenir en controversias; no respalda ni se opone a ninguna causa.

– Nuestro objetivo primordial es mantenernos sexualmente sobrios y ayudar a otros sexólicos a alcanzar la sobriedad sexual.

Sexólicos Anónimos es un programa de recuperación basado en los principios de Alcohólicos Anónimos.


Una ayuda valiosísima

En su trabajo como profesional, es posible que usted conozca a alguien cuya vida sea ingobernable a causa de sus pensamientos y comportamientos sexuales destructivos. Sexólicos Anónimos es un programa de recuperación de doce pasos tanto para hombres como para mujeres basado en los principios de Alcohólicos Anónimos. Cuando su fundamento es la sobriedad sexual y la acción personal, los doce pasos y las doce tradiciones de SA se convierten en el comienzo de una forma de vida totalmente nueva.

Los profesionales que trabajan con personas que tienen este tipo de problemas, descubrirán que SA es un instrumento valiosísimo porque complementa la labor que ellos realizan con sus clientes. No es un tratamiento o terapia de ningún género. Las reuniones están abiertas sólo a los que quieren interrumpir sus pensamientos o conductas sexuales autodestructivas y buscan ayuda para sus problemas a través de nuestro programa de recuperación.

Los profesionales que atienden a adictos al sexo o sexólicos comparten con Sexólicos Anónimos un mismo propósito común—ayudar a los sexólicos a recuperarse y a disfrutar de vidas sanas y productivas.


En qué consiste el programa

SA es una fraternidad de hombres y mujeres que se ayudan mutuamente para recuperarse de la adicción al sexo, a la lujuria y/o a las relaciones de pareja. Sexólicos Anónimos la fundaron personas a las que el programa de los doce pasos procedente de Alcohólicos Anónimos les sirvió de instrumento de recuperación cuando todo lo demás les había fallado. El propósito primordial de cada grupo es que sus miembros se mantengan sexualmente sobrios y ayudar a otros sexólicos a alcanzar la sobriedad sexual.

SA no trata los aspectos médicos asociados derivados del comportamiento de los adictos, sino la naturaleza compulsiva de la adicción y de las causas profundas que lo causan. Nuestra meta es abstenernos de consumir nuestra droga un día a la vez. Los miembros de SA no son expertos en sexualidad ni en trastornos psicológicos y por lo tanto no competimos con los profesionales del tema.


Las reuniones

Una parte muy importante del programa son las reuniones que organizan de forma autónoma los grupos de SA. La mayoría de las reuniones están abiertas sólo a aquéllos que tienen este problema y quieren dar una oportunidad a la solución que SA propone. El único requisito para ser miembro es el deseo de liberarse de la lujuria y de alcanzar la sobriedad sexual.


El anonimato

Lo que se dice tanto en las reuniones como en las conversaciones particulares entre los miembros es confidencial. A los miembros les preocupa mucho el anonimato debido a lo delicado que es ser adicto al sexo. Hablamos de nuestro programa de recuperación pero no mencionamos los nombres de las personas que están en él.


SA y el sexolismo

Existe todavía una gran controversia sobre qué es lo que constituye la naturaleza de la adicción al sexo. Muchos profesionales sostienen que no existe y otros temen que el calificativo de adicción pueda confundir o perjudicar a sus clientes. Parece ser que las investigaciones recientes indican que el concepto de adicción está evolucionando.

Hablamos de lo que nos enseña nuestra experiencia en la recuperación. En muchos aspectos nos identificamos enormemente con los alcohólicos y drogadictos. Esto significa que en nuestras actividades sexuales o cuando estamos bajo la influencia de la lujuria experimentamos un cambio de personalidad que nos lleva a seguir practicando conductas dañinas o peligrosas a pesar de las consecuencias negativas que nos acarrean. Es por eso por lo que nos llamamos “borrachos del sexo” o “sexólicos”. Al igual que los alcohólicos, que son impotentes ante el alcohol, nosotros no podemos parar una vez que entramos en contacto con la lujuria. La lujuria, para nosotros, puede incluir cualquier tipo de conducta sexual. La lujuria también puede consistir en un estado mental en el que la fantasía desplaza nuestro sentido de la realidad y en el cual un intenso deseo nos obliga a modelar el mundo de acuerdo con nuestros propios deseos internos.

Algunas de las características más comunes de los sexólicos, tanto hombres como mujeres, son: el aislamiento, la depresión, la culpa y un sentimiento profundo de vacío. Entre nuestras conductas más comunes figuran las fantasías sobre el sexo y otros deseos egocéntricos, las relaciones de codependencia perjudiciales, la masturbación compulsiva, el uso de pornografía, Internet incluida, las relaciones sexuales promiscuas, el adulterio, las conductas exhibicionistas, los abusos sexuales sin tener en cuenta las consecuencias legales.

Nuestra experiencia nos dice que no podemos recuperarnos de verdad si no nos reunimos con otros sexólicos y si no aceptamos su ayuda. Que debemos primero interrumpir nuestras prácticas sexuales adictivas en todas y cada una de sus formas y buscar una solución espiritual para nuestro problema. Que debemos examinar con minuciosidad nuestro carácter e ir cambiando, de forma progresiva, esos patrones de conducta que nos obligan a recurrir a las fantasías y a las conductas sexuales perjudiciales antes que nada. Nuestro objetivo es curarnos de toda una vida de pensamientos y conductas que no podemos calificar de sanos. Nuestra experiencia nos enseña que la participación en el programa de Sexólicos Anónimos puede ser un buen complemento al trabajo que usted desarrolla con sus clientes que sufren compulsiones sexuales.


Lo que algunos profesionales han descubierto

Naturalmente puede haber cierto escepticismo en cuanto a la necesidad, o a la viabilidad de un programa de recuperación de adicción al sexo. Sin embargo, cada vez es mayor el número de psicoterapeutas, clérigos, médicos, profesionales de la salud, y personas que ayudan a los sexólicos que descubren que este tipo de programas ofrece a sus clientes una ayuda y un apoyo único que sólo un programa basado en los doce pasos puede proporcionar.

El transmitir nuestra experiencia a los que son como nosotros constituye el beneficio singular que nos proporciona el programa de Sexólicos Anónimos.


Algunas objeciones muy comunes a SA

¿Qué quiere decir eso de tener una adicción?

Con independencia de que se califique de problema, desorden compulsivo o adicción, los efectos destructivos que tiene siguen siendo los mismos. En el programa de Sexólicos Anónimos no nos dedicamos a analizar la causa de nuestras conductas o de nuestras actitudes. Nos centramos en las soluciones a las conductas que nos causan problemas.

“Es demasiado religioso”

SA no es un programa religioso, sino un programa espiritual. Habla de un “Poder Superior” y de “Dios tal como nosotros lo entendemos”, pero no se exige ningún tipo de creencia en Dios para ser miembro; los ateos y los agnósticos conocerán otras personas como ellos en este y en otros programas de recuperación de doce pasos.

“No quiero que se me asocie a gente enferma como esa. Tengo que tener cuidado con mi reputación”

Los miembros de SA proceden de todos los ambientes, desde el más lujoso al más pobre. Aunque nuestras conductas adictivas puedan diferir, la ingobernabilidad y los efectos negativos, que siempre van a más, se producen en múltiples áreas de nuestras vidas (personal, familiar, conyugal, legal, financiera, profesional y espiritual) y son devastadores.

“Si tengo que hablar de este problema con otras personas, preferiría morirme”

Hablar en las reuniones de SA no es obligatorio. Los secretos y el aislamiento lo único que hacen es perpetuar y agravar nuestros problemas. “El abrir brecha con nuestras debilidades” nos mantiene en el camino de la recuperación.


La primera reunión de SA

Cuando los profesionales recomienden SA a sus pacientes, es conveniente que les propongan asistir al menos a seis reuniones.

Sugerimos a los recién llegados que se identifiquen por sus nombres, sin mencionar los apellidos, ante los demás al comienzo de la reunión. En las reuniones, los miembros transmiten su experiencia, fortaleza y esperanza. El trato con los miembros antes, después y entre las reuniones es una parte importante de nuestra recuperación.

Recomendamos al recién llegado que le pida a algún miembro que le apadrine temporalmente. La mayoría vienen cargados de preguntas. El padrino o la madrina podrán responderlas y explicarle que otros han tenido las mismas dudas y miedos a la hora de dar el primer paso hacia su recuperación

LA LUJURIA

UN PUNTO DE VISTA PERSONAL

Es difícil de explicar, pero he aquí lo que la lujuria representa en mi vida. Es un tirano que quiere controlar el sexo en su propio provecho, a su manera y en el momento que le apetece. Es un ruido mental-espiritual que tergiversa o pervierte el sexo, de la misma manera que una interferencia ronca de radio estropea la audición de una melodía agradable.

La lujuria no es el sexo y no es física. Es una pantalla de fantasía autocondescendiente que me separa de la realidad, o de la realidad de mi persona en el acto sexual conmigo mismo, o de la realidad de mi cónyuge. Funciona de la misma forma ya se trate de la novia, de una prostituta o de mi esposa. De esta manera niega la identidad personal, la mía o la de la otra persona, y va contra la realidad, contra mi propia realidad, va contra mí.

Me resulta imposible disfrutar de una unión auténtica con mi esposa en la medida en que la lujuria esté viva, porque ella como persona no cuenta; es incluso un estorbo; es un mero objeto sexual. La verdadera unidad conmigo mismo es imposible si yo me divido en dos para tener un acto sexual conmigo mismo. El compañero fantástico que he creado en mi mente en realidad ¡es parte de mí! Con la lujuria el acto sexual no resulta de la unión personal; el sexo no fluye de la unión. El sexo activado por la lujuria hace imposible la unión verdadera.

La naturaleza de la interferencia ruido-lujuria que yo sobrepongo al sexo puede consistir en diferentes cosas: recuerdos, fantasías que van desde lo erótico hasta aquellas que rebosan venganza o incluso violencia. O puede tratarse de la imagen mental de un fetiche o de otra persona. A la luz de todo esto, la lujuria puede existir al margen del sexo. De hecho, hay personas que afirman que están obsesionadas con el sexo y que no pueden mantener relaciones sexuales. Considero la lujuria una fuerza que invade y pervierte también otros instintos: la comida, la bebida, el trabajo, la ira… Reconozco que tengo una tendencia casi lujuriosa al resentimiento, y que es tan fuerte como la lujuria lo ha sido en sus mejores momentos.

En mi caso, la lujuria no es física; incluso no es un deseo sexual más potente. Es una fuerza espiritual que pervierte mis instintos; y cuando me abandono en un área, trata de infectar también a las demás. Como la lujuria tiene carácter asexual, atraviesa todas las barreras, incluso las de género. Cuando las aviva la lujuria, mis fantasías o actividades pueden dispararse en cualquier dirección, modeladas por lo que experimento. Por ello, cuanto más me entrego a la lujuria, menos sexual me vuelvo.

Por tanto, mi problema básico como adicto al sexo en vías de recuperación es el de vivir libre de la lujuria. Cuando la tolero en cualquiera de sus formas, más tarde o más temprano trata de manifestarse en las demás. De esta forma, la lujuria llega a ser el exponente, no sólo de lo que hago, sino de lo que soy.

Pero hay motivos sobrados de esperanza. Al renunciar a la lujuria y a sus manifestaciones cada vez que me tienta, y al experimentar la liberación dadora de vida de origen divino, se producen la recuperación y la curación y se me restaura la integridad- primero la verdadera unidad dentro de mi mismo y después la unión con los otros y con la Fuente de mi vida.

La Lujuria es…

No saber decir que no

Encontrarse constantemente en situaciones peligrosas
Volver la cabeza sediento de sexo a cada paso
Sentirse atraído exclusivamente por la belleza
Las fantasías eróticas
El uso de objetos eróticos
La adicción a la pareja como si de una droga se tratara
Perder la identidad por fundirse con la pareja
La obsesión con lo romántico- la búsqueda del “efecto mágico”
El deseo de excitar a la otra persona

Otra Perspectiva Personal

La lujuria mata
La lujuria es la cosa más importante de mi vida, es más importante que yo.
Esclavo de la lujuria, me es imposible ser yo mismo.
La lujuria me esclaviza, mata la libertad, me mata a mí.
La lujuria siempre quiere más, la lujuria produce más lujuria.
La lujuria es celosa, quiere poseerme.
La lujuria hace que me obsesione conmigo mismo, hace que me encierre dentro de mí.
La lujuria hace que el sexo sea imposible sin ella
La lujuria destruye la capacidad de amar, mata al amor.
La lujuria elimina la capacidad de recibir amor; me mata a mí.
La lujuria genera sentimientos de culpa y la culpa hay que expiarla.
La lujuria hace que parte de mí desee la muerte, porque no puedo soportar lo que me hago a mí mismo y carezco de fuerzas para evitarlo.
Cada vez con más frecuencia, dirijo esa culpa y auto-odio hacia mi interior y hacia los demás.
La lujuria me destruye a mí y a los que me rodean.
La lujuria mata al espíritu; mi espíritu soy yo, ¡la lujuria me mata!

Copyright © 1989-2008 SA Literature

Reprinted with permission of SA Literature